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miércoles, 4 de febrero de 2009

Charles

Para no ser los esclavos martirizados del tiempo, embriagaos, ¡embriagaos sin cesar! con vino, poesía o virtud, a vuestra guisa.
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Habría que añadir dos derechos a la lista de derechos del hombre: El derecho al desorden y el derecho a marcharse.

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El Odio es un borracho al fondo de una taberna, que constantemente renueva su sed con la bebida.
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Para trabajar basta estar convencido de una cosa: que trabajar es menos aburrido que divertirse.
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¡Ah qué grande es el mundo a la luz de las lámparas! / ¡Y qué pequeño es a los ojos del recuerdo!

Charles Baudelaire

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