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domingo, 15 de noviembre de 2009

Irvine wrote:

Hazel me dijo, justo antes de decirme que no quería verme más, cuando empecé a picarme por enésima vez: "Sólo quieres joder la marrana con las drogas para que todo el mundo piense lo profundo y lo jodidamente complicado que eres. Resulta patético, y es un puto aburrimiento."
En cierto sentido, prefiero el punto de vista de Hazel. Hay un elemento de ego en él. Hazel entiende de las necesidades del ego. Es escaparatista en un gran almacén, pero se describe a sí misma como una "artista del despliegue para el consumo" o algo así. ¿Por qué iba yo a rechazar al mundo, verme a mí mismo como mejor que él? Porque sí, por eso. Porque lo soy, me cago en Dios, y punto.
La consecuencia de esta actitud es que me han enviado a esta mierda de terapia/consejos. Yo no quería todo esto. Era esto o la cárcel. Empiezo a pensar que a Spud le tocó la opción blanda. Esta mierda me enturbia las aguas; confunde en vez de clarificar las cuestiones. Básicamente, lo único que pido es que cada uno se ocupe de sus propios asuntos y yo haré otro tanto. ¿Por qué será que sólo porque uno utiliza drogas duras todo quisque se cree con derecho a diseccionarle y analizarle?
Una vez que aceptas que tienen ese derecho, te unirás a ellos en la búsqueda de ese santo grial, esa cosa que te hace funcionar. Entonces les escucharás, y te dejarás embaucar hasta creerte cualquier teoría sacada del culo que escojan atribuirte sobre tu conducta. Entonces eres suyo, no tuyo; la dependencia se desplaza de la droga a ellos.
La sociedad inventa una lógica falsa y retorcida para absorber y canalizar el comportamiento de la gente cuyo comportamiento está fuera de los cánones mayoritarios. Supongamos que conoces todos los pros y los contras, sabes que vas a tener una vida corta, estás en posesión de tus facultades, etcétera, etcétera, etcétera, pero sigues queriendo utilizar el caballo. No te dejarán hacerlo. No te dejarán hacerlo, porque lo verían como una señal de su propio fracaso. El hecho de que simplemente elijas rechazar lo que tienen para ofrecerte. Elígenos a nosotros. Elige la vida. Elige pagar hipotecas; elige lavadoras; elige coches; elige sentarte en un sofá a ver concursos que embotan la mente y aplastan el espíritu, atiborrándote la boca de puta comida basura. Elige pudrirte en vida, meándote y cagándote en una residencia, convertido en una puta vergüenza total para los niñatos egoístas y hechos polvo que has traído al mundo. Elige la vida.
Pues bien, yo elijo no elegir la vida. Si los muy cabrones no pueden soportarlo, ése es su problema. Como dijo Harry Lauder, sólo pretendo continuar así hasta el final del camino…



Irvine Welsh, Trainspotting


Éstas sagradas escrituras contienen páginas realmente deliciosas que nunca, nunca, nunca me cansaré de rerrerrerreleer.

2 comentarios:

Raskolnikov dijo...

¿Y qué hay de los que no escogemos, sin más, sin elegir la vida ni su rechazo? ¿Qué nos espera a los que no hacemos nada, ni querer un trabajo y un BMW ni luchar para conseguir un pico de heroína?

BLANCA ORAA MOYUA dijo...

Yo nunca tiré la toalla, busqué, busqué, busqué, pedí, pedí, pedí, sabia que algo habría, lo intuia y cuando casi estaba a punto de tirar la toalla, lo encontré.
Ahora respiro en paz.