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martes, 21 de septiembre de 2010

El momento en el que entiendes que no tienes por qué pretender ser feliz o forzarte a serlo.


Está bien no sentirse contenta, está bien estar/mostrarse enferma e inconforme. Estaría mintiendo si fingiese estar bien cuando la sociedad me incomoda y cuando los sistemas me agobian, estaría ocultándome. No hay vuelta atrás, no hay fingimiento posible.

No puedo/no podría mostrarme como una joven sana y feliz que busca agradar a los demás y ser aceptada. Esa necesidad existe porque soy una miserable humana al fin y al cabo, pero un fin mayor no del todo definido me impide actuar así. A veces me pregunto por qué lo hago, por qué no adopto, por ejemplo, una apariencia y una actitud más agradable y amable. A veces siento que debería hacerlo. Parece tan fácil, parece tan básico, todo el mundo lo hace, por qué yo no?! Pero no puedo, tarde o temprano acabaría rompiendo el disfraz de borrego, me molesta, me asfixia.

Así que lo siento, realmente lo siento. Me gustaría ser más agradable, me gustaría poder ser más amable, me gustaría saludar con una sonrisa todos los días, sentirme satisfecha con la rutina, interactuar como embadurnada de lubricante social y hacer como si no pasara nada. Me gustaría. Lo he intentado, le he dado a grabar a la cámara de mi experiencia y la he dejado correr el tiempo necesario y ahora, hoy, puedo confirmarlo: no puedo, no voy a hacerlo.

El hecho de sentirse mal en el sistema y tener la necesidad de demostrarlo/expresarlo quiere decir que eres una persona reactiva, sensible a esas cosas que están mal. Asi que, por qué iba a añadir a ese malestar la auto-represión y el auto-castigo? No vale la pena. Voy a dejarme guiar por lo que más me convence de mi misma, y ésto son los fuertes, enormes e imposibles de ignorar sentimientos de aversión.

1 comentario:

BLANCA ORAA MOYUA dijo...

Bien pensado y mejor expresado.
No hay mas que hablar:
Be yourself.