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sábado, 11 de agosto de 2012

Además, así son las cosas en la adolescencia. Se experimenta a oscuras. Se cogen borracheras o se coloca uno con marihuana y luego se improvisa. ¿Hay que recordar los asientos traseros de los coches, las tiendas de campaña en los campamentos juveniles, las fiestas en la playa alrededor del fuego? ¿Acaso no se ha encontrado alguien, sin admitirlo, enredado de algún modo con su mejor amigo? ¿O en la cama del dormitorio estudiantil con dos personas en vez de una, mientras Bach sonaba en un tocadiscos pasado de moda, orquestando la fuga? Porque, en cualquier caso, la práctica temprana de la sexualidad es una especie de fuga. Antes de que se instale la rutina o el amor. En esa etapa en la que el manoseo es anónimo más que otra cosa. Sexualidad de parque infantil. Empieza a los trece o catorce años y dura hasta los veinte o veintiuno. En el fondo se trata de aprender a compartir. A dejar que otros jueguen con los juguetes de uno.

Middlesex – Jeffrey Eugenides

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