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jueves, 12 de mayo de 2016

Mis amigos hedonistas

Observo a los hedonistas y me divierte, ya no sufro de esa urgencia visceral por cortar sus cabezas, algunos incluso son mis amigos, y tolero sus momentos de felicidad superficial exagerada retirándome tranquilamente a tejer mi telaraña psíquica en mi nido ermitaño mientras ellos se vierten hacia fuera y cultivan su red. Es saludable darse cuenta de que no todos encuentran la felicidad siendo hedonistas, y también es saludable darse cuenta de que ese insoportable zumbido colectivo–alentado por el tan de moda arquetipo del niño inocente, que te obliga a ser feliz todos los días se puede ignorar. Entonces la envidia de no poder ser feliz con lo que la sociedad te ofrece se va suavizando, pero al mismo tiempo es muy susceptible de convertirse en soberbia, y no queremos eso, hay que ser outsider pero con clase.


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