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sábado, 11 de junio de 2016

Daddy not cool III, la mirada del psicópata

 
Oh no dios mío, oh no dios mío! LO HE VISTO! LO HE VISTO CLARO! SON ESOS OJOS! Son esos ojos vivaces y astutos pero enfermos y desconectados al mismo tiempo. Son exactamente los mismos ojos! Por alguna razón (vagamente inconsciente) después de mi última gresca emocional con un sociópata decidí ver Into the Abyss por enésima vez. Cada vez que la veo, no puedo evitar adelantar el documental hasta la entrevista con Michael Perry, un muchacho claramente psicópata condenado a muerte por un triple homicidio a los 19 años. En la entrevista con Herzog, Perry lo niega todo pese a las evidencias, y habla de “su caso” como un activista de Greenpeace hablaría de la lucha contra la caza furtiva de animales. Él creía en su inocencia, se había lavado el cerebro a sí mismo, realmente vivía su historia como su realidad.
   Cuando lo he visto esta vez esa mirada me ha resultado familiar. Y tengo que confesarme a mi misma que cuando lo vi por primera vez lo primero que pensé fue “por favor, que no lo hayan ejecutado”, y rápidamente googleé la información pertinente (le habían puesto la inyección letal en Julio de 2010, su última comida fueron tres tortillas de bacon y queso, tres enchiladas de pollo y queso y tres Pepsi, Cocacola y Dr.Pepper). Acto seguido lo puse como foto de portada en Facebook, y permaneció allí durante bastante tiempo aunque nadie lo conociera ni entendiera el mensaje. Lo reconozco: tuve un crush con Michael Perry, ese psicópata desconectado de la realidad y de sí mismo, y para alimentar este sentimiento (enfermo) vi varios documentales sobre mujeres que se casan con asesinos en serie y mantienen una relación a distancia con ellos en prisión. Todo me parecía muy divertido, no le daba más importancia porque al fin y al cabo siempre he disfrutado con documentales morbosos y totalmente jodidos. Pero volvamos a la mirada de Michael Perry y su similitud con la del último sociópata con el que me he involucrado. Ambas son perforadoras, son lascivas, son perturbadoras, son negras independientemente del color de los ojos, son depredadoras, están sedientas, y si te quedas mirando durante el tiempo suficiente te engancharán y te llevarán a algún lugar glorioso pero muy oscuro. Reconozcamos la carga sexual que hay en todo esto, vamos a llamar a las cosas por su nombre, no se trata simplemente de que por múltiples circunstancias de mi vida yo empatice con hombres más o menos perturbados, la realidad con la que me enfrento aquí es que la mirada esquizoide y lasciva del psicópata dispara mi líbido.
    A los cuatro años, cuando me enfadaba con algún adulto estando en casa de mis abuelos, iba al patio delantero y cavaba agujeros, los tapaba un poco con hojas o hierba y después invitaba amablemente al adulto objeto de mi odio a dar un paseo por la zona. Los llevaba de la mano mientras les daba conversación hasta que les hacía caer en la trampa. Más tarde me confesaron que sabían perfectamente cuales eran mis intenciones y que las trampas eran bastante poco discretas, pero que fingían torcerse un pie o tropezar para apaciguar mis rabietas. Cuando miro a los ojos de un psicópata siento una emoción parecida a la que sentía cuando caían en mi trampa, adrenalina, poder, recompensa. Pero, ¿a quien se le ocurre, de todas formas, seguirle el rollo a un niño de esa manera?, ¿qué lección le puede enseñar, qué herramientas le puede dar para resolver sus problemas emocionales más tarde en su vida adulta? El mensaje es “está bien que te enfades y también puedes vengarte”. Obviamente tuve que aprender por mi misma, muchos años después, que esa no era la mejor manera de gestionar la rabia. He intentado meditar con regularidad pero me duele la espalda, he hecho kick boxing durante unos años y lo único para lo que sirvió fue para volverme agresiva cada vez que bebía (y todavía pasa a veces), he intentado canalizarla usando chaos magick, pero no he sido muy constante. Y ahora mismo, cuando me atengo a las consecuencias de haber mirado por demasiado tiempo a los ojos de un psicópata, siento el mismo impulso de ir al patio delantero, cavar un agujero muy profundo, desbloquearlo e invitarlo a dar una vuelta…

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