...

jueves, 14 de julio de 2016

La flema pudo con la flama

“Pero todos hemos aprendido una lección con todo esto”, dijo Panty en su habitual tono conciliador. Claro que he aprendido algo, Panty. Por una parte he podido comprobar que, efectivamente, la sociedad estigmatiza y condena cualquier muestra de emoción y sensibilidad, ningún discurso new age sobre el despertar de la conciencia humana puede combatir el hecho de que sentir sea un signo de debilidad y minusvalía social. Una persona que siente es una persona especial pero fallida a la que hay que tratar con condescendencia y paternalismo, a la que se puede apoyar en sus subidas y bajadas pero a la que se puede machacar sin escrúpulos en los enfrentamientos. ¿Por qué? Porque es mucho más fácil culpar al que se ha expuesto y se ha revelado tal como es. Porque al mostrar emoción pierdes credibilidad y respeto, te subes a la horca. Amadeus se negaba a que lo tratara un psiquiatra porque creía que una persona integrada en una sociedad enferma no podría curarlo de ningún mal, y lo que entonces me pareció un delirio lorazepánico, hoy me parece la epifanía de un visionario demente que estaba en lo cierto. Está muy bien que la gente muestre sus emociones–en las películas, nos conmueve la expresión de los sentimientos–en los museos, defendemos y promovemos la sinceridad como un gran valor–en la teoría, pero en la vida real, aquí y ahora, sentir está penado.  
Pero ellos estaban ahí, riéndose, desprovistos de melancolía, contemplando incluso reunirse después de la ruptura como para echar el último polvo o esas cosas horribles que hace la gente sin melancolía; ellos completamente maníacos, yo completamente depresiva. Ellos veían el presente, a mi me estallaban en la cabeza fragmentos del pasado, como quien está a punto de morir, pero también fragmentos del futuro como cuando las rutinas se rompen y se eliminan hábitos; la gente que vive exclusivamente en el presente no es capaz de entender lo que ha pasado hasta que las alteraciones en la rutina lo hacen evidente. Me confunde la capacidad de las personas para coger algo, reventarlo de significado, enaltecerlo, promocionarlo como lo màs sagrado de sus vidas y después desecharlo como algo totalmente absurdo. Yo nunca enaltecí nada, pero lo que para mi sí es verdadero son las vivencias y los vínculos que quedan, para mí eso es lo único que da el significado a este tipo de cosas, pero resulta que sólo a mi me importaba. Si, Panty, he aprendido cosas, como que la flema vale más que la flama.

"Existe un predominio de lo Apolíneo sobre lo dionisiaco, debido a que ontológicamente es mejor y moralmente vale más que la música, danza y embriaguez."

Goi-mailako traizioa, infernuan erre egingo zarete.

No hay comentarios: