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sábado, 9 de julio de 2016

Pedir consejo, pedir la cuenta

Amigo. El hecho de que te pida consejo, de que quiera conocer tu opinión respecto a las cosas que hago, no me sitúa automáticamente a un nivel de madurez o resolución inferior al tuyo, ni te da autoridad moral o intelectual sobre mi. ¿Por qué te aprovechas de mi confianza y de mi respeto hacia ti? ¿Por qué el hecho de que te pida consejo, en vez de ayudar a reafirmarte como persona querida y buscada, ayuda a empeorar la imagen que tienes de mi y de mi rendimiento? ¿Por qué asocias el buscar ayuda en los amigos con la inmadurez y con la debilidad?

Amigo, ¿qué problema tiene la sociedad con pedir consejo? ¿Acaso no dice más de mi el reconocer que como cualquier ser humano no soy única ni omnipotente y que cualquier vivencia o punto de vista que puedan compartir conmigo mis compañeros humanos puede enriquecer mi visión del mundo y ayudarme a ver más allá de mis problemas anecdóticos, a ver el big picture? No, por lo visto lo verdaderamente valioso en un ser humano adulto cuando enfrenta dificultades es gritar con la boca cerrada y las persianas bajadas, porque, como buen subproducto de esta puta sociedad del individualismo impersonal, improductiva e intrascendente, piensa que es único e irrepetible y su persona lo más preciado que tiene, así que cree ciegamente en que es imposible que cualquier mortal lo entienda de verdad, se niega en bando a la mera posibilidad, le han hecho creer que tiene que poder con todo él solo, que la realización personal pasa por el martirismo, herencia cristiana de la que renegarán una y otra vez a pesar de la evidencia.

Me siento traicionada cuando echo la vista atrás y me doy cuenta de que todas las veces que te pedí ayuda fueron para ti una invitación al paternalismo. ¿Qué es lo que no sabes ser? ¿Amigo? ¿Humano? ¿Qué tipo de valores succionaste de pequeño para confundir de adulto la amistad con la condescencia?


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